DE LO ÓPTIMO COMO ENEMIGO DE LO BUENO, O DE LUCÍA ETXEBARRIA VS. AMANCIO ORTEGA


 

 

 

 

 

Hay quienes parece que no han leído a los clásicos o que, si lo han hecho, desde luego no los han interiorizado.  Y la carencia es especialmente punzante cuando el afectado es alguien que pretende dedicarse a la literatura.  Pero la vida es así: tristemente, no todo el mundo tiene la talla moral que correspondería a su visibilidad social.

Anteayer me alegró leer lo que me pareció una buena noticia: la Fundación Amancio Ortega hizo una donación de veinte millones de euros a Cáritas, “para afrontar diversas necesidades sociales en materia de alimentación, ayuda farmacéutica, servicios de vivienda y material escolar”.  En tiempos en que son muchos los que sufren, entiendo que es de agradecer que los que más tienen compartan sus ganancias con los más necesitados.  Me parece una conducta digna de ser imitada, que enriquece a ambos y a ambos hace bien: al que comparte y al que recibe.

Sin embargo, da la sensación de que a algunos de quienes menos necesitan esa ayuda –y de quienes no se sabe que realicen grandes aportaciones al bienestar social de sus semejantes más allá de sus inflamados escritos- no les parece del todo bien que la Fundación Amancio Ortega entregue esos veinte millones a Cáritas para que esta asociación haga más llevadera su existencia a muchos que lo están pasando realmente mal.  Sí, estoy hablando de Lucía Etxebarria, de esa escritora que se ha retratado en twitter criticando a Amancio Ortega y su actuación.

Lucía Etxebarria, lo adelanto, no me cae bien.  Aunque no la conozco personalmente, ni en profundidad, parece encajar en un perfil que me crispa los nervios: no me gustan los izquierdistas de salón, los que emplean las ideologías en beneficio propio, los acusados de plagiar textos ajenos, los que hacen caja son soflamas populistas o feministas, los que se llenan los bolsillos en nombre de la Libertad y la Justicia…  Y parece que desconocen lo que es dar una limosna, o dedicar una sonrisa y una palabra agradable a esa mujer que pide una ayuda en la puerta de una iglesia.

Las banderas, sean del color que sean, se llevan en el corazón y desde él irradian al resto de nuestra existencia…  Pero cuando cobramos cuanto hacemos, cuando todas nuestras conferencias tienen un elevado caché…  Entonces dejamos de ser intelectuales libres para convertirnos en monos de feria, en empresarios o en genios del marketing de nosotros mismos.

Porque me cuesta creer que alguien que escribe novelas y poesía sea incapaz de realizar una reflexión serena en torno a la donación de la Fundación Amancio Ortega, y no se dé cuenta de lo que ya decía Voltaire: lo óptimo es enemigo de lo bueno.  El que desprecia lo bueno porque existe una opción mejor, minusvalora ese bien y a sus beneficiarios, puede perjudicar la ocasión de una mejora y, además, realiza una injusticia…  Especialmente grave cuando el afectado es una tercera persona.

¿No se da cuenta Lucía Etxebarria del daño que puede causar con sus palabras? ¿No se ha planteado lo que van a pensar de ella quienes se van a beneficiar de esa donación a Cáritas? ¿No merecen estos una disculpa o una gratificación?

¿O es que lo que le molesta a esta autora es que la donación se haya realizado a una asociación perteneciente a la Iglesia Católica? ¿Nos encontramos ante una reacción desmedida y rabiosa fruto de un izquierdismo trasnochado que todavía no ha descubierto esa parte del mensaje evangélico que se preocupa tanto por el cuerpo como por el alma?

¿O, tal vez –lo cual aun sería peor porque moralmente resultaría detestable- estamos simplemente ante una estudiada provocación, ante una boutade que tenía por objetivo incendiar las redes, crear un eco mediático importante que trajera a primera línea el nombre de una escritora que lo que persigue es una publicidad gratuita que le ayude a vender más libros?

Porque, Lucía, puedo estar de acuerdo contigo en que Inditex realiza prácticas empresariales más que mejorables desde el punto de vista de la responsabilidad social corporativa, puedo aceptar que Amancio Ortega no es un paladín de la justicia social, puedo coincidir con alguna de tus críticas y opiniones… Pero el momento de criticar a Amancio Ortega no es cuando ha hecho una donación de veinte millones de euros a Cáritas…  En este momento –entiendo yo- hay que darle las gracias en nombre de todos aquellos que se van a beneficiar de su gesto y preguntarnos, de paso, qué hacemos cada uno de nosotros por ellos.

Porque no sólo Amancio Ortega puede ayudar.  Tú y yo también podemos poner nuestro grano de arena que, aunque no será de veinte millones de euros, también colaborará a paliar el sufrimiento de los más necesitados.  ¿Estamos dispuestos a implicarnos?  Hagámoslo.

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