Las leyes de la naturaleza… Humana


El universo tiene sus leyes.  Cada ser tiene unas características que le otorga la naturaleza que le es propia.  Para conocer bien a un ser hay que profundizar en su naturaleza.  Y a mí –no lo he ocultado nunca- me preocupa profundizar en el conocimiento del ser humano, y de mí mismo.  Por ese motivo, hoy quiero reflexionar sobre una cuestión que todavía genera acaloradas discusiones entre los estudiosos: ¿existe la ley natural? ¿Existen unos preceptos “naturales”, preestablecidos, que determinan lo que es adecuado o inadecuado para el ser humano?

Uno de los autores a los que con más gracia y sentido común he visto escribir sobre esta temática es C.S.Lewis.  Así que reconozco de antemano que este artículo guarda una profunda deuda con él y su obra.

Tanto él como yo entendemos la Ley Natural como un sinónimo de la Ley de la Naturaleza Humana.  La idea de fondo de la misma es que, del mismo modo que los cuerpos están gobernados por la ley de la gravedad y los organismos por las leyes biológicas, la criatura llamada hombre también tiene su ley propia, tendente al pleno cultivo, desarrollo y florecimiento de su potencial humano.  Sin embargo, esta ley tiene una esencial diferencia respecto al resto de las mencionadas: que un cuerpo no puede elegir si obedece o no la ley de la gravedad, pero un hombre puede elegir entre obedecer a la ley propia de su naturaleza o desobedecerla.

Aclarémoslo: el hombre no puede desobedecer aquellas leyes naturales que comparte con otros cuerpos (las biológicas o físicas, como la ya mencionada ley de la gravedad), pero sí que le ha sido otorgada la libertad ante la que es propiamente humana, la que no comparte con el resto de seres vivos. Como decía Pico de la Mirándola, el hombre ha recibido el regalo de poder escoger su naturaleza, de elegir entre ser un dios o una bestia.  Ese ámbito de elección es el propio de la ética o la moral, de la distinción entre el bien y el mal.

Tal y como yo lo entiendo, el bien consiste en la adecuación de la actuación humana a aquellas conductas conformes con su naturaleza propia y tendentes a la felicidad que produce el pleno desarrollo del potencial de la persona.  Consecuentemente, entiendo el mal como lo inverso al bien, como una actuación contra natura.

Hay quienes niegan categóricamente la existencia de una ley natural -o de un conocimiento decente cognoscible y compartido por todos los hombres- y apoyan su posición en la alegación de que “las diferentes civilizaciones y épocas han tenido pautas morales diferentes”.  Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias: la mayoría de esas diferencias tienen que ver con un distinto modo de interpretar, plasmar o defender una serie de valores que sí que han resultado comunes a las distintas épocas y culturas.  Unos valores o principios que son percibidos como constitutivos de la naturaleza humana.

Otros, niegan su existencia como elemento apriorístico, para después afirmar que la ley natural, la ética o la moral, no son más que una serie de convenciones morales que establecen las comunidades humanas -en función de su cultura- para facilitar la convivencia.  Es una postura bastante común.  C.S.Lewis, sin embargo, ofrece el matiz necesario para comprenderlo adecuadamente: “estoy completamente de acuerdo en que aprendemos las reglas del comportamiento decente de los padres y maestros, los amigos y los libros, del mismo modo que aprendemos todo lo demás.  Pero algunas de las cosas que aprendemos son meras convenciones que podrían haber sido diferentes –aprendemos a mantenernos en el lado derecho de la carretera, pero igualmente la regla podría haber sido que nos mantuviéramos a la izquierda- y otras de ellas, como las matemáticas, son verdades auténticas.  La cuestión es a qué clase pertenece la ley de la naturaleza humana”.

Mi personal convencimiento es que pertenece a la misma clase que las matemáticas, en él se fundamenta mi visión del ser humano como homo viator camino de su progresiva perfección.  Si tú eres de los que piensa que es mejor respetar al ser humano independientemente del color de su piel, o que es mejor el trato que se da hoy a la mujer que el que recibía hace tres siglos, estarás reconociendo –por la vía de los hechos- que eres de los míos, de los que piensa que –independientemente de la convención social- hay unas cosas que están bien y otras que están mal, unas que se adecuan a nuestra naturaleza y otras que no.

Debemos reconocer que, como sociedad, hemos avanzado…  Aunque no hayamos alcanzado todavía el estado ideal.  Nuestro respeto por la naturaleza humana –aunque sin ser todavía completo- se ha incrementado mucho respecto al de épocas pasadas.

Y, como sociedad, más nos vale que sigamos por este camino. Nos conviene adecuar nuestras normas legales a las de nuestra naturaleza porque, aunque en algunos momentos el actuar decentemente pueda exigirnos renunciar a nuestro interés más inmediato, puedes estar seguro de que la decisión ética es la que más te compensa a ti –y a la raza humana como un todo- a largo plazo.  Es la única decisión sostenible, la única que hace posible la convivencia, la única que nos llevará a ser lo mejor que podemos ser.  Creo que vale la pena intentarlo.

Un comentario en “Las leyes de la naturaleza… Humana

  1. Buen punto de vista , pero hare un énfasis a culturas pasadas de hace miles de años , recuerda que todo tiene un motivo , en el mundo de hoy hay un problema grave y es que la verdad sobre la causa de la forma de pensar del ser humano en el pasado, esta escondida, siendo el mundo manipulado en favor de los mas poderosos.

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