Cómo enfrentarse a los propios defectos


Uno de los ejercicios común a la mayoría de tradiciones espirituales y humanistas es la recomendación de realizar, diariamente, un examen de conciencia.  Esto es, dedicar un espacio de tiempo al silencio y a la contemplación de nuestras actuaciones para tratar de discernir cuáles de ellas han sido adecuadas, cuáles podrían haber sido mejores y cuáles han sido un error o nos muestran una debilidad de nuestro carácter.

Del mismo modo que los chequeos médicos periódicos nos permiten controlar nuestra salud física, estos “chequeos espirituales” nos permiten mantener nuestro interior en forma…  Uno no puede curar una enfermedad que no ha detectado, por lo que es bueno tomar conciencia de nuestras carencias, de nuestros vicios, de nuestras debilidades y de nuestros sentimientos negativos… Siempre que no caigamos en conductas y escrúpulos de carácter patológico.

Me explico: cuando uno se relaja, acalla su mente y repasa los acontecimientos del día, sus pensamientos, reacciones y actuaciones de la jornada, sus aciertos y errores, debe hacerlo como el espectador de una película que aprende en experiencia ajena.  Hay que vigilar muchísimo con los sentimientos de culpa, con las pesadas cadenas con que puede aprisionarse al alma si uno de identifica con sus errores, equivocaciones y maldades.

Del mismo modo que el enfermo de cáncer no es su enfermedad sino que la padece, el perezoso, el mujeriego, el difamador, el ladrón, el maltratador, el adicto al sexo o a las drogas, el mentiroso, el vanidoso, el orgulloso o el iracundo tampoco deben pensar que son su defecto, deben tener bien claro que lo padecen y que lo que deben hacer es “soltarlo”, abandonarlo, liberarse de esa segunda piel que les aprisiona y que no les permite mostrar la luz y calor que ocultan en su interior.

Los maestros de las artes marciales son conocedores de que el mejor modo de enfrentarse a un agresor poderoso no es la fuerza bruta sino la suavidad, la flexibilidad y el movimiento armónico, capaz de aprovechar la potencia del enemigo en el propio beneficio.  No trates de oponerte frontalmente  al mayor de tus defectos porque, probablemente, perecerás en el intento…  Arrollado por el tren de tus propias pasiones.

Mi recomendación, basada en las sabidurías de Oriente, es otra: lo primero es descubrir el defecto.  Una vez identificado, busca sus raíces, su origen, de dónde surge, por qué te aflige…  Cuando te ataque con fuerza, dóblate como el junco frente al golpe de aire…  No trates de resistirlo con dureza porque te partirás…  Sé flexible, vuelve a tu lugar y ataca a sus causas.  Contra ellas sí que podrás luchar…  Y vencer.

Y no lo olvides jamás: del mismo modo que el enfermo no es su enfermedad, tú no eres tus defectos ni desaciertos.  Eres más bien una estrella, un sol que debe regalar al mundo su luz y calor.

2 comentarios en “Cómo enfrentarse a los propios defectos

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