Vive la vida que debes vivir… Si quieres ser feliz


Soy de la opinión de que la vida es mucho más que un mero divertimento, creo que somos lanzados a la existencia con una misión, con una tarea que sólo nosotros podemos realizar y que, en caso de no llevarla a cabo, producirá un vacio en el mundo.  Y estoy convencido de que nuestra felicidad depende de descubrir esa misión y de adecuar nuestra vida a su consecución.  En eso consiste la perfección de nuestra naturaleza.

Pero la realidad es que la mayoría de nosotros no somos perfectos, y por ese motivo no somos plenamente felices.  Parte de esa insatisfacción procede de una tensión entre lo que somos y lo que, en nuestro interior, estamos convencidos que debería ser nuestra vida.  Paulo Coelho, en una entrevista, expresa con acierto este sentimiento refiriéndose a su juventud: “Oh, Dios, tengo todo lo que necesito y sin embargo no soy feliz. Eso me sucede sólo porque no estoy cumpliendo con mi destino, con mi sueño, con mi leyenda personal”.  Consciente de esta necesidad de adecuar la vida al Destino,  Epicteto -con su estoico tono característico- pronuncia esta oración al final del Enchiridion:

“Condúceme, Zeus, y tú también, Destino,

por el camino que habéis decidido que recorra:

Estoy preparado para seguirlo.  Si decidiera no hacerlo,

Me haría desgraciado a mí mismo, y aun así debería recorrerlo”

Un primer paso en el camino hacia la felicidad será, por tanto, prestar atención a cuál creemos que es el objeto de nuestra vida.  Hay que detenerse a observar y reflexionar: qué es lo que se me da bien, con qué cosas me siento feliz, en mi situación… ¿cómo creo que puedo ayudar a mejorar mi entorno mientras me desarrollo a mí mismo?  Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás a tu destino.  Así que deja de correr sin saber a dónde y plantéate dónde está tu verdadero hogar, que hace palpitar a tu corazón, dónde reposa éste, qué te hace sentir vivo…  Ahí es donde debes dirigirte… Si quieres ser feliz.

Pero pronto aparecerán los miedos, porque vivir TU vida supone diferenciarte de quienes te rodean, ser fiel a tus peculiaridades implica salirse del rebaño.  Y no siempre es fácil sentirse diferente, a veces a nuestros seres queridos puede costarles comprender el rumbo que queremos dar a nuestra vida.  Y eso nos dolerá, no sólo porque no es agradable sentirse sólo sino porque percibiremos que -en muchos casos- no nos entienden porque ellos han renunciado a ser quienes debían ser.

Richard Bach escribió un libro que resultó un icono de los años 70: “Juan Salvador Gaviota”.  Sigue valiendo la pena leerlo cuarenta años después.  Trata sobre el tema que estamos tratando a través de la imagen de una gaviota que es diferente al resto de los pájaros de su bandada: “Para la mayoría, lo que importa no es volar, sino comer.  Para esta gaviota, sin embargo, comer no era lo más importante, sino volar”.  Consigue llevar el vuelo a otro nivel.  Su obcecación -y el peligro que supone para la paz y tranquilidad de la bandada- le cuesta el ser acusado de irresponsable, el ser avergonzado y -finalmente- el ser desterrado por no haber entendido que el propósito de la vida de una gaviota debe ser (según la bandada, claro está) comer para mantenerse vivo…  Y nada más.  Marcha Juan Salvador a Escolleras Lejanas llevando en el corazón el pesar, no por él, sino por la triste vida que han decidido llevar sus antiguas compañeras gaviotas.  No es su destino el que le entristece, sino el de quienes no le han comprendido.  Finalmente, encuentra el protagonista a otras gaviotas que son como él, compañeras en ese nuevo camino de altos vuelos que ha tomado hacia su plena realización, hacia su felicidad.  Es éste un inspirador libro para quien esté sopesando hacer cambios importantes en su vida…  Como los que aquí estoy proponiendo: los de adecuar nuestra vida actual a la que sabemos que debería ser nuestra existencia.

Pero no basta con saber a dónde queremos ir, ni con tomar la decisión de iniciar el camino.  Es preciso disponer de los medios.  Y no estoy hablando de tener cosas, ni de dinero…  En este sentido, estoy más cerca de San Francisco de Asís cuando defendía que, si eliges no tener nada, estás libre para reconocer lo que realmente importa.  No, los medios de los que hablo son los del carácter: inteligencia, virtudes y voluntad.  Uno tiene que forjarse a sí mismo para evitar convertirse en un obstáculo para su propio destino.  Hay que sacar lo mejor de uno mismo y ponerlo al servicio de nuestro sueño, de nuestra vocación.  Sólo así, con visión, reflexión, esfuerzo y constancia podremos adecuar el ser y el deber ser, nuestra vida actual a nuestro paraíso en la tierra.

Y, por favor, no nos rindamos al primer tropiezo porque, como afirma Screwtape en las “Cartas del diablo a su sobrino” de C.S.Lewis: “lo más divertido es hacer que el hombre se rinda justo cuando (si sólo lo supiera…) el alivio le está esperando detrás de la esquina”.

Sigamos más bien el sabio consejo de Goethe:

“Pierde el tiempo hoy,

y mañana será igual y pasado aún peor.

Cada indecisión conlleva sus propios retrasos

y los días se pierden lamentando el tiempo perdido.

¿Estás decidido?  Pues no dejes escapar el presente,

la audacia es genialidad, poder y magia en sí misma.

Basta con que te comprometas y la mente se enardecerá,

¡empieza ya y se realizará el trabajo!”

Empecemos, pues, esa nueva vida que nuestro corazón anhela.  Persigamos nuestra felicidad y nuestro destino.  Seamos quienes debemos ser.

Un buen propósito para el día de hoy…  Un buen propósito para una vida.

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