Vaciarse para llenarse de Dios


Entiendo la religión en su triple sentido etimológico: como un religamiento (re-ligare) con Dios, con el Mundo y con Uno Mismo que produce una relectura (re-legere) de la creación y las vivencias  y, por último (o primero, tanto da) como una reelección (re-eligere) de lo Verdadero, Bueno y Bello.  Simplificándolo, concibo la religión como un camino que debe conducir a la unión con Dios y, a través de ella, con el resto de la existencia.

La unión (término vinculado a la unidad, al Uno) implica la desaparición de la dualidad, del sujeto y del objeto, por lo que nos sitúa en el ámbito de la relación que habitualmente -en términos vulgares y no científicos- se denomina amorosa o mística.  En muchas tradiciones se expresa afirmando que hay que abrir las puertas a Dios, dejar que Dios nos posea, llenarse de Dios…  Y, a continuación, los “sabios y santos” exponen una larga lista de mandamientos que hay que cumplir si se quiere satisfacer a Dios.

Pero es de sentido común que Dios no quiere satisfacerse sino satisfacernos, y que el primer paso para llenarse de Dios (máxima satisfacción posible) es vaciar nuestro interior para hacerle espacio.  Del mismo modo que para llenar un vaso de vino hay que liberarlo de cuanto contenga con anterioridad, para llenarnos de Dios debemos vaciarnos de nosotros mismos, de nuestro ego y de nuestros apegos.  A eso es a lo que, en Oriente, denominan liberación.

De hecho, la función de los auténticos mandamientos religiosos (de la ascética) no es la de doblegar nuestra voluntad, la de añadir cadenas a nuestra existencia, la de complicarnos la vida sino la de ofrecernos medios para liberarnos, para vaciar nuestro interior, y para ensanchar nuestra alma… Ampliando el espacio que la Divinidad podrá ocupar en ella.

Imagino que debió ser por este motivo por lo que Eckhart afirmó que no se alcanza a Dios por un proceso de adición de cosas al alma sino por un proceso de sustracción.  Hay que vaciarse y abrirse a la Gracia porque Dios siempre nos busca, siempre está tratando de entrar en nuestro interior, siempre está en nosotros…  Y somos nosotros quienes -ocupados en nuestras cosas y apegos- no somos capaces de descubrirle en nosotros y hacerle espacio en nuestra vida, no percibimos que en Él somos, estamos y nos movemos.

Vaciándonos de lo que nos hace pequeños, crecemos.  Renunciando a nosotros mismos, ganamos a Dios.

Soltemos lo que no es esencial en nuestra vida, simplifiquémosla, preocupémonos por lo trascendente…  La paradoja es que, mediante la renuncia, lo ganaremos Todo; descubriremos que somos uno con Dios, con el Mundo y con nosotros mismos.  Nada cambiará (la realidad es la que es) pero todo cambiará porque nosotros habremos cambiado.

Una nueva vida, mucho más plena, nos está esperando.  Quiera Dios que tengamos el valor de descubrirla y abrazarla.  Me parece un buen deseo para este sábado (Shabbat).

Buen fin de semana.

2 comentarios en “Vaciarse para llenarse de Dios

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